Bitworld

Apenas un puñado de viejas reliquias como yo recordamos cómo era la vida en la Era Analógica. Y no es que nadie haya tratado de ocultarlo...la información está ahí, alimentándose del polvo en las enormes bibliotecas de la gran Arcadia. Millones de libros, de registros, de relatos, condenados al olvido allá donde nadie volverá a mirar nunca, salvo quizá los “retros”, y sólo de vez en cuando.

Nadie sabe muy bien cómo ni cuándo se produjo el cambio, pero yo creo que fue algo pausado, casi imperceptible. El movimiento de un péndulo demasiado grande para ser registrado por el ojo humano. Pero un día nos despertamos y el mundo había cambiado, había tenido lugar una silenciosa guerra a muerte donde nadie se la esperaba, y sólo un contendiente quedaba en pie. Y aquella mañana, en que la Era Analógica tocaba a su fin, los videojuegos se alzaban como emperadores del entretenimiento, como guías indiscutibles de la sociedad, dispuestos a regir los destinos de los seres conscientes. Fuimos muchos los que celebramos aquella victoria.

Sobra casi decir que todo el mundo quiso su trozo del pastel. Los que estaban mejor posicionados lo tuvieron fácil: energéticas, grandes corporaciones del entretenimiento, gigantes de la conectividad, todos ellos llevaban tiempo tejiendo los hilos de un imperio demasiado grande para ser obviado por los mal llamados líderes del mundo libre: hicieron presión, y fueron escuchados. Y donde antes había representantes, ahora sólo quedaban títeres.

Los ciudadanos de a pie se entregaron en cuerpo y alma al cambio. Desde los estoicos supervivientes del Erial hasta los refinados ocupantes de los Resorts Aéreos, todos gozan del entretenimiento rey. En el mundo virtual, la clase social, las mutaciones genéticas o la procedencia a menudo no son más que detalles superficiales. Y la sociedad cristalizó en nuevas e interesantes formas, estructuras nunca vistas en tiempos anteriores.

Desde entonces, en mi nave han viajado individuos excepcionales: mutantes con formas y aptitudes sólo soñadas por la raza humana, psíquicos capaces de desnudar los rincones más escondidos de la mente, inteligencias artificiales enamoradas de su propia existencia, híbridos de hombre y máquina. Todos conectados de un modo u otro, todos jugadores.

La frágil tregua que llegó a nuestras vidas con esta nueva era está empezando a romperse. Ya no es suficiente con tener un trozo equitativo del pastel… ahora parece que todo el mundo tiene hambre. Los ciudadanos, acunados por una nana de diversión y despreocupación, están comenzando a despertarse. Se acabó el aceptar las reglas, las cuotas abusivas y las prácticas deshonestas. No son estos tiempos de asentir y agachar la cabeza. Y de este descontento, de este grito alto y claro a favor de un medio con infinitas posibilidades, ha nacido La Resistencia.

…Me ha tocado vivir tiempos interesantes.

Extracto del diario personal del Capitán Don Load, líder de La Bahía de los Piratas